Meses de incertidumbre política vivió el pueblo guyanés ante un fraude electoral sigiloso

Opinión

Meses de incertidumbre política vivió el pueblo guyanés ante un fraude electoral sigiloso

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Foto: Twitter
Chevige González Marcó

Guyana es un país con características muy particulares en América del Sur, no comparte la herencia cultural eurolatina ni el catolicismo como religión predominante, además evidentemente tampoco comparten el castellano ni el portugués como idioma, ello hace de entrada una barrera cultural e informativo que nos hace parecer que está muy lejos de nosotros, cuando en realidad son vecinos de Brasil y Venezuela, parte de nuestra aldea regional.

Es también un país étnicamente distante al resto de los países sudamericanos, no solamente por su excesivamente marcada diferencia social por etnias, sino también porque políticamente el origen étnico ha marcado a los grupos poblacionales. Siempre con la exclusión absoluta de los pueblos indígenas originarios. Es así como ser de origen indio (de la India, disculpen la redundancia, pero aún muchos se equivocan), afrodescendiente y de confesión musulmana, o mestizo con algún antepasado británico, te distingue, usualmente en lo político.

Ahora vamos a los medular, porque somos un continente y un mundo diverso: la economía. Guyana es sorprendemetente el país de América del Sur que más crece económicamente en la región, con cifras astronónimas, es además el único que no entrará en reecesión en el contexto de la pandemia.

Tan sólo para 2020, se estima que Guyana crecerá en un 86%, un espectáculo económico. Todo ello gracias a multimillonarias inversiones de la transnacionales petroleras, muchas de ellas en áreas muy sensibles, ya que se trata de exploración y explotación en áreas marítimas reclamadas por Venezuela, debido a que están situadas en el litoral del Esequibo (reivindicado históricamente como parte de Venezuela) y muy cerca del estado venezolano de Delta Amacuro.

Los intereses de las transnacionales han tenido en consecuencia un peso político importante, aunado, obviamente, al interés político y ecónomico por parte de la Casa Blanca y el Pentágono para echar mano a recursos estratégicos y de paso tener aliados en el gobierno guyanés prestos a enraredecer y colocar al límite la relación política y militar con Venezuela.

Durante años, David Granger, como presidente de Guyana, jugó a placer el juego que emprendían los Estados Unidos y las transnacionales, aplicar una tenaza contra Venezuela, de un lado Colombia y por el otro extremo su país. Obviamente, era cómodo seguir teniendo a Granger allí, mandando en Georgetown.

Es por ello, que aprovechándose de las circunstancias que citábamos al comienzo, (el resto de la región muy poco se lo que pasa en Guyana), cometieron un fraude electoral que permaneció practicamente en silencio ante la opinión pública internacional y para la América Latina.

Muy pocos deben recordar que los comicios presidenciales guyaneses se celebraron el pasado 2 de marzo y apenas fue esta semana cuando se conoció al verdadero ganador. Granger tuvo una ñapa y amenazaba con no reconocer su derrota. ¡Ahn pero ninguno de nosotros vio algún titular de la prensa internacional sobre el "dictador Granger", el "tirano Granger" o el "fraudulento presidente Granger".

En diciembre de 2019, la oposición guyanesa había logrado que Granger convocara a elecciones, luego de una votación que decidió en el Parlamento, la "no confianza" a su gobierno. El entonces mandatario creía que lo tenía todo controlado con la magia de las transnacionales. Lo cierto es que el 2 de marzo el pueblo guyanés votó en su contra.

"Guyana está siendo retenida por unas pocas personas que desean el poder para su propio beneficio con el pretexto del fraude electoral", declaraba a mediados junio la Organización Musulmana Juvenil (OMY, en inglés). Apuntaban a Granger, quien había secuestrado el gobierno.

Un recuento de votos hecho en junio, supervisado por CARICOM, informaba que el opositor Partido Progresista del Pueblo (PPP) había obtenido 233.336 votos, frente a los 217.920 votos del APNU, la alianza que sostenía a Granger. Pero el señor, seguía negado a desalojar la silla presidencial.

Fue el 21 de julio cuando la Corte Suprema de Guyana dio por válido el recuento de votos que desfavorecía a Granger. Aún así, la cúpula gobernante se negaba a abdicar. Irfaan Ali apenas pudo ser reconocido como presidente esta semana.

El PPP ha sido un partido en sus orígenes asociado a los movimientos de izquierda, su actitud respecto a Venezuela ha sido mucho menos agresiva y más propicia al diálogo. Incluso Irfaan Ali, fue ministro de Bharrat Jagdeo quien ejerció como presidente de Guyana entre 1999-2011. En dicho período los acercamientos con Venezuela, incluyeron la adehsión de Georgetown a Petrocaribe y los acuerdos de venta de arroz guyanés al país vecino.

Durante la campaña la coalición de Granger usó permanentemente el chantaje sobre el Esequibo para atacar a Irfaan Ali, a quien calificaban como blandengue ante Venezuela. Finalmente la justicia electoral se impuso y pasó la página de Granger. El bienestar de la región espera por más cooperación y menos sumisión a intereses foráneos a la región, que para nada pretenden el bienestar de nuestros pueblos.

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