Jesús Faría

La oposición apela a la mentira para conquistar al electorado

Jesus Faría / Foto Archivo
Sin votos (todavía)
YVKE Mundial / Correo el Orinoco

La demagogia ha sido un arma predilecta de la contrarrevolución. Con la mentira se pudo mantener el Puntofijismo gobernando por 40 años, elecciones mediante, mientras empobrecía al pueblo y entregaba nuestra soberanía. El caso más emblemático fue CAP en 1989. Pese a prometer una Venezuela “saudita”, apenas asumió la presidencia arremetió con terror y miseria de la mano del FMI.

De cara al 7 de octubre apelan una vez más a la mentira para conquistar al electorado. Por ello, comienzan a navegar en dos ríos a la vez, anunciando un rumbo de “progreso social”, que le reporte el prestigio de la revolución, mientras que plantean solapadamente su programa burgués.

Las contradicciones de sus propuestas son tan abrumadoras, que evaden la confrontación. La polarización hace notables las diferencias. Sin embargo, ellos apuestan al engaño, apoyados por poderosos medios de comunicación. Ante ello, la tarea de las fuerzas revolucionarias es antagonizar con la derecha y el programa de gobierno de la burguesía.

CAPRILES PERSONIFICA LOS INTERESES DE LA BURGUESÍA Y SUS PARTIDOS DE DERECHA

El candidato de la oposición quiere desmarcarse de su signo ideológico y se autocalifica de “centroizquierda”. La realidad es que a ese candidato lo respaldan la misma derecha y los mismos grupos económicos que hundieron al país en la peor crisis de su historia republicana; son las fuerzas que se han opuesto ferozmente, incluso por la vía golpista, a las políticas sociales que ahora pretenden enarbolar.

Asimismo, es el candidato que aplauden las corporaciones transnacionales, el que respalda el Departamento de Estado, el que ha sido elogiado por los centros financieros del planeta y el FMI, el que goza del aprecio de Uribe y los pinochetistas…

Para ser más precisos, ser de derecha en los actuales momentos significa, entre otras cosas:

a) reconocer la hegemonía mundial del gobierno estadounidense, banalizando las críticas al imperialismo;

b) abandonar las posiciones de defensa de la soberanía, aupando el discurso de la globalización; c) identificarse ideológicamente con los grupos económicos más poderosos, nacionales y extranjeros, léase Fedecamaras y las transnacionales, y subordinarse a sus intereses;

c) impulsar una política social que privilegie los intereses del capital;

d) promover un sistema político que niega la participación popular como elemento esencial de la democracia;

e) impulsar un modelo económico de apertura al capital extranjero y de liberalización de los mercados;

f) crear las condiciones para el desmontaje del Estado nacional. Como veremos a continuación, Capriles reúne plenamente estos rasgos.

CAPRILES: “NO VAMOS A PRIVATIZAR LA INDUSTRIA PETROLERA”

Esta posición hipócrita es obvia a la luz de la prohibición expresa de nuestra Carta Magna y del éxito que representa la renacionalización petrolera.

Sin embargo, el engaño está a flor de piel. Quienes diseñaron la propuesta programática de la MUD fueron las y los integrantes de Gente de Petróleo, principalísimos responsables por la vergonzosa entrega de la Faja Petrolífera del Orinoco a las trasnacionales, por la eliminación de las regalías, por el desmontaje de las estructuras tributarias petroleras y por la cesión a las trasnacionales del control de la producción.

Por otra parte, aunque formalmente no se produjo el traslado de propiedad a entes privados extranjeros, las consecuencias constituían la privatización de facto de la industria petrolera. Enmascararon el acto como una necesidad, donde el Estado era quien supuestamente dirigía el negocio petrolero. Sin embargo, eran las transnacionales amparadas por los hoy asesores petroleros de la MUD, las que ejercían el control de la industria, capturando la mayor porción de los ingresos.

Son igualmente reveladoras las posiciones adoptadas en más de una década de recuperación de la industria.

En conclusión, la burguesía local es incapaz de sostener un proyecto de desarrollo nacional basado en la soberanía petrolera. Sin duda, de llegar al poder revertirían todos los avances alcanzados, se convertiría en peón de la geopolítica energética de la Casa Blanca.

LA BURGUESÍA Y SU PROYECTO DE ESTADO

Aunque abrazan las ideas neoliberales, lo esconden. Textualmente, Capriles plantea un “Estado fuerte, promotor, que oriente y que regule cuando tenga que regular”. Deliberadamente, se excluye la posibilidad de que el Estado dirija el desarrollo.

El Estado que plantea la burguesía es un accesorio del libre mercado, que asume las tareas que no son rentables para el capital y opera en función de la maximización de las ganancias.

Eso ya lo tuvimos en el pasado, canalizando la renta petrolera a las cuentas bancarias de los grupos económicos y entregando el país al FMI; y lo observamos en el presente, administrando la crisis mundial sobre la base de los intereses de las corporaciones financieras.

Por otra parte, resulta absolutamente lógico que el candidato de la burguesía califique de “fracaso” a las expropiaciones, porque las despoja de poder económico y financiero. ¿Pero tiene la burguesía autoridad moral para hablar de fracaso? ¿Qué mayor fracaso se ha producido que el de esa clase social dirigiendo el hundimiento del país en el siglo XX? La realidad es que, por primera vez, medios de producción y empresas estratégicas como la industria petrolera, la tierra, telecomunicaciones, acerías, cementeras, parte de la banca, son puestos al servicio del desarrollo nacional. Eso, por supuesto, no cuadra con sus prioridades.

Como complemento de lo anterior, la MUD promueve la descentralización, la misma que en los años 90 fue aplicada en el país para debilitar al Estado nacional en aras de acelerar su colonización por parte de las corporaciones. La economía debe abrirse y desaparecer las regulaciones que entraban ese proceso, lo cual exige el debilitamiento del Estado a través de su fragmentación. El Estado “fuerte” de Capriles es aquel que retrocede ante el expansionismo de las corporaciones.

Igualmente resalta el discurso democrático de carácter fraudulento de la derecha. Condenan al gobierno revolucionario por su supuesto carácter autoritario, pero demandan ante el TSJ la nulidad de leyes fundamentales para el desarrollo del poder popular, esencia de la democracia. Su oferta de descentralizar para acercar el poder al pueblo es una farsa.

AHORA LA BURGUESÍA SIMPATIZA CON LAS MISIONES SOCIALES

El mayor cinismo lo expresan la burguesía y su candidato en el tema social. Nunca disimularon su rechazo a las misiones sociales. Las catalogaron de “enorme derroche”, “desorden fiscal”, “terriblemente ineficientes”, “excluyentes”… Pero, repentinamente, parece que funcionan.

El atractivo de las Misiones para la burguesía radica en su extraordinario impacto social. A su discurso vacío del “progreso social” le hace falta sustancia, y ahora ofrecen lo que siempre han combatido.

Por cierto, esa consigna de “progreso social” no es nueva. Lo utilizaron figuras tan emblemáticas de la más recalcitrante derecha como Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Pinochet, entre otros. También lo utilizó el gobierno estadounidense en los años 60 en el marco de la Alianza para el Progreso, para detener el avance del “comunismo” mediante dictaduras militares e injerencia descarada.

La economía política del poder desmantela cualquier demagogia, nos permite definir quién tiene el poder, para qué lo emplea y en función de qué intereses. Veamos: ¿Cómo van a financiar las Misiones, si Pdvsa debe limitarse al negocio petrolero? ¿Quién las va a implementar si el Estado “obeso” y “clientelar” debe achicarse? ¿Cómo van a atender las exigencias financieras de la burguesía, si la Misiones son el resultado de un dramático cambio en la distribución del ingreso? ¿Acaso las Misiones reencarnarán la vieja trampa adeca del asistencialismo, ello en razón de que pretenden castrar el poder popular? ¿Cómo van a financiar las fabulosas sumas de dinero que reclama la Misión Vivienda? ¿Van a crear empleo para que los trabajadores asuman la conducción económica del país? ¿Cómo van a mantener Barrio Adentro, si rompen los convenios con el gobierno cubano?

EL PLAN DE EMPLEO DE LA BURGUESÍA

La clave para crear empleo es sencilla: confianza. Se requiere confianza en los empresarios nacionales y foráneos, insiste la burguesía, para que arriben las inversiones y, con ellas, los empleos, el progreso social…

Esta fórmula tampoco es nueva. Los paquetes fondomonetaristas en la Venezuela de los años 90 prometían que la confianza llegaría con condiciones atractivas para la inversión, léase privatización a precios irrisorios de los activos públicos, beneficios fiscales para el capital, flexibilización laboral -incluyendo la eliminación de la retroactividad de las prestaciones sociales-, apertura a la competencia y al capital, eliminación de los controles, liberación de los precios…

Esto se tradujo en la destrucción de millones de puestos de trabajo, incremento del desempleo y la informalidad, congelamiento salarial; en síntesis, se explayó la precarización del empleo. La meta es maximizar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo. Con toda seguridad, esa política atraería inversiones, pero causaría una enorme desolación social y, con ella, retornaría la conflictividad de los años 90.

Igualmente, es elocuente el rechazo de la derecha a la inamovilidad laboral, a las políticas salariales y al esfuerzo del Estado por crear puestos de trabajo, así como a las propuestas para una nueva LOT. Ahí se deslindan las posiciones de la burguesía y de los trabajadores.

LA INFLACIÓN SE COMBATE ELIMINANDO CONTROLES Y GASTO”

Para combatir la inflación, la burguesía también nos presenta su propuesta. El control de precios debe desaparecer para estimular la competencia y la producción y reducir los precios, en tanto que la eliminación del control de cambio garantizaría acceso oportuno de las empresas a las divisas para la producción.

Capriles se quita la careta y les da la bienvenida a los especuladores, que podrían elevar sus tasas de ganancias a niveles grotescos, llevando la inflación de nuevo a 80% y 100%, como en los -para la burguesía- felices años 90. Todo eso sin compensación salarial para no ahuyentar a la inversión privada. Por su parte, la libertad cambiaria estimularía nuevamente la fuga de capitales, impulsada por un sistema financiero y un empresariado parasitario, fracturando la estabilidad financiera del país.

Asimismo, como el gasto público es muy elevado, dice la derecha, se generan excesos de liquidez en la economía, lo que presiona el alza de los precios. Frescos están aún los recuerdos del ajuste fiscal draconiano impuesto por el FMI que buscaba reducir la inflación y superar todos los males de la economía, imputables al Estado, a través de una restricción brutal del gasto público. Ni una dictadura como la de Pinochet garantizaría la viabilidad política de semejante disparate.

SE MANTENDRÁ EL RUMBO INTEGRACIONISTA Y RESPETARÁN LOS ACUERDOS INTERNACIONALES”

El candidato de la burguesía dijo no estar en desacuerdo con la integración regional. Sin embargo, es preciso recordar que en América Latina hay gobiernos de derecha que participan en estos proyectos integracionistas, cuyos intereses fundamentales apuntan hacia el norte. Es la visión panamericanista de la integración.

Para la burguesía, cuyo candidato afirma que el “discurso del imperio ya esta gastado” y agrega que “estamos en el siglo XXI de la globalización”, la integración es un vehículo para la colonización.

Esa banalización de las relaciones internacionales, la negación de mecanismos de explotación internacional y dominación imperial se desprenden del carácter dependiente de la burguesía local. La sumisión es su condición natural y bajo esas circunstancias es imposible pensar en desarrollo. La Casa Blanca tiene en la burguesía venezolana a sus peones, y no lo disimula. Los aúpan, los respaldan internacionalmente y los financian. Se han convertido en instrumento del intervencionismo estadounidense en nuestros países

Mientras tanto, el reconocimiento de los acuerdos internacionales no pasa de ser una farsa. Han difamado sistemáticamente los programas con Cuba, el fondo China-Venezuela, los acuerdos militares con Rusia, el suministro petrolero al Caribe…

Es una inmoralidad que quienes promovieron el saqueo de nuestras riquezas -y prometen restaurarlo de llegar al poder- atenten en contra de relaciones que dejan enormes beneficios para el país.

A Chávez lo atacan los peones del imperialismo para liquidar la integración bolivariana.

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